Queridas hermanas, obispo, sacerdotes, amigos, jóvenes, bienhechores y fieles todos:
Con inmensa alegría y profunda gratitud al Señor, nos reunimos hoy para celebrar dos acontecimientos que llenan de gozo y esperanza el corazón de nuestra comunidad: los 50 años de la presencia misionera en México de nuestra congregación religiosa, Hermanas Misioneras de la Evangelización, y la recepción de la reliquia de primer grado de San Carlo Acutis, un joven que nos recuerda que la santidad no es una meta lejana, sino un camino posible para todos los que aman verdaderamente a Dios.

Recuerdos de los inicios
Recordamos con emoción aquel pequeño grupo de hermanas, acompañadas por nuestro amado fundador, el Padre Vicente Idà, que, movidos por el Espíritu Santo y sostenidos por la oración de toda una familia espiritual, partieron desde Italia hacia tierras mexicanas. No sabían lo que encontrarían, pero sabían en quién confiaban. Traían en el corazón la certeza de que el Señor los enviaba a abrir caminos y a sembrar esperanza.
Dejaron su tierra y sus seguridades, movidos únicamente por la obediencia al Espíritu y la caridad de Cristo. Su llegada no fue un simple traslado; fue un acto profético que sembró una semilla de vida consagrada en suelo mexicano.

Agradecimiento especial
Y hoy, en este día tan especial, queremos expresar un agradecimiento profundo, personal y lleno de ternura a dos de ellas que están aquí con nosotros: hermana Rosa Altamore y hermana Elisabetta Colaci, ¡gracias de corazón!
Gracias por su “sí” generoso, por su coraje, por haber creído cuando todo estaba por comenzar. Gracias por cada paso dado, por cada palabra sembrada, por cada lágrima ofrecida, y por cada sonrisa compartida.
Gracias a todos
En nombre de todas las hermanas, de nuestras comunidades, de los laicos, de los jóvenes y de tantas personas que han sido tocadas por esta misión, les decimos: gracias. Gracias por haber abierto camino para que el carisma del Siervo de Dios Padre Vicente Idà floreciera también en México, llevando a muchos a descubrir el amor de Jesús Pan de Vida.

Hoy también elevamos nuestra gratitud a todos los que han colaborado con tanto entusiasmo en la preparación y celebración de la recepción de la reliquia de San Carlo Acutis. Su entrega, su alegría y su creatividad han hecho posible que este evento sea una verdadera fiesta de fe. Ustedes, junto con nosotras, somos protagonistas de esta historia viva que sigue creciendo.
La presencia de San Carlo Acutis entre nosotros, a través de su reliquia, es un signo providencial en este aniversario.
Su vida, sencilla y luminosa, nos impulsa a vivir con autenticidad y a poner la tecnología, los talentos y todo cuanto somos al servicio del bien.
Hoy queremos hacer nuestras sus palabras y recordar que solo quien vive unido a Jesús Pan de Vida puede renovar el mundo desde dentro. También recordamos aquella frase que Padre Idà decía: solo a los pies del altar aprenderemos a ser santos.
Este aniversario no es solo memoria del pasado, sino también envió al futuro.
Caminar juntos
Así comenzó también nuestra misión hace cincuenta años: hermanas que caminaron juntas, confiando unas en otras, sosteniéndose con la oración, abriéndose al pueblo que las acogió. Hoy el Señor nos invita a continuar ese mismo espíritu: caminar como pueblo de Dios, hombro a hombro, con el corazón abierto al diálogo, a la escucha y a la participación de todos.

Esa es también la fuerza del carisma que hemos recibido: una misión que se vive en comunión, donde cada persona tiene un lugar, un don, una voz.
Caminar juntos es hacer visible que somos una sola familia en Cristo, y que el amor es el lenguaje más fecundo de la evangelización.
Que esta procesión sea el primer paso de un renovado caminar juntos en la fe, la esperanza y la caridad.
Agradecemos de todo corazón a quienes han hecho posible esta celebración.
Desde México, tierra bendecida por la Virgen de Guadalupe, queremos proclamar con fuerza y gratitud:
Muchas gracias.
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